martes, 13 de febrero de 2024

COMO UN NAUFRAGO - PALAO BERASTAIN

 










COMO UN NAUFRAGO

Cuantas veces me quede aquí varado como un náufrago rodeado de estos cerros, en estas quebradas, en estos ríos, debajo de esta infinita lluvia.

Más de veinte años por estas sierras ¿por qué caminando? ¿qué me detiene?

Quizás el magnetismo de sus rocas milenarias, sus estoicos recios consanguíneos campesinos, sabios amasadores del barro, tejedores laboriosos de sabio ingenio, que diseñan y pintan sus animales Y chacras en sus chumpis, en sus chuspas y Ilicllas.

Quizás, fue la música del viento en las oquedades de las rocas de sus montañas, o el mismo, el mismo viento de sus pétreos y pulmones en sus flautas de hueso y caña.

Quizás, sus paisajes de frio, lluvia y viento y gran sol en la costra terrestre de sus muros arqueados, restos de campanario con sus tejas equilibristas.

Quizás me quede atrapado en algunas retorcidas ramas de sus chachakomos, o me estrangularon sus raíces, o me perdí en sus callejones, donde el sol se desbarranca por sus grietas

Quizás me detuve entre los tambores que anunciaban un entierro, en silencio por el hombre muerto.

Quizás me quede por el té pigado de estas agitadas cuestas, o por el adobo de la próxima madrugada.

No será que quede de pie al paso de la procesión de cristo indio, de los temblores cuzqueños. ¿estaré esperando el próximo lunes santo?, o un corpus Cristi, con un Santo indio

Quizás, tenga que subir por segunda vez al Qoyllor Ritti, como un ukuku blanco, para ver la tierra desde los Apus antiguos y eternos.  

No creo haberme convertido en sal del gigantesco peñón del Qoricancha, al pie del wilkamayo sagrado, donde crece la piedra de los pichincotos.

Estoy aquí más de veinte años, bajo la lluvia de piedras pulidas por los hombres y el viento con un corazón de pututu, en un par de usutas, amarrando el pelo con un huato rojo de chinchero.

Y quede yo aquí, en medio de este callejón de las siete culebras, recogiendo la lluvia que pasa por el arco iris.

PALAO BERASTAIN.

domingo, 11 de febrero de 2024

EL GIGANTE SIHUANA


Ahí, a la vista de los gráficos que ostenta “Variedades”, tiene el lector al gigante Juan de la Cruz Sihuana. Es natural del distrito de Llusco, provincia de Chumbivilcas, del departamento del Cuzco. Ya ha remontado los 50 años. Pesa 290 libras y mide 2 metros 10 centímetros de estatura por 2 metros 20 de envergadura o “reach”, como dirían los revisteros boxeriles.

Es un curioso caso de acromegalia como apellida la ciencia médica a lo que llamaríamos gigantismo esforzando un tanto el vocablo.

Sihuana es un digno prototipo de la raza aborigen. Mirada vaga, poco inteligente, nada escrutadora. Labios gruesos, muy grandes, excesivamente carnosos. Pómulos en relieve, andar desenmadejado, curvado el Goliat indio, hacia adelante, bajo el peso de las tremendas espaldas.

La gente, en las calles mal enguijadas de Cuzco, plenas de sombras, al verlo pasar le han dedicado cuchufletas y sonrisas y el gigante apenas si se ha permitido lanzarle desde lo alto de su cabezota deforme, una mirada de desprecio.

Al cronista le rogo llevarlo a Lima. Desea trabajar, ganar mucho dinero. Pero esta ya viejo y apenas conoce los rudimentos del arte agrario.

En su tierra, tierra de centauros, no hay caballo que pueda sostenerlo. Siempre hace sus jornadas a pie. Jamás se destoca. Apenas si el reportero logro tal milagro a fuerza de razones y para que el grafico que ostenta esta página resultara mejor. Entonces Sihuana se sintió cohibido y se curvo mucho y hasta quiso doblar las rodillas e intento dibujar en sus labios carnosos una sonrisa, en la que había mucho de la tristeza de los que llevan encima una singularidad que les produce más amarguras y desencanto que alegrías anchas desbordantes.

El gigante y un redactor de la Revista Variedades

Nos ha contado que su mujer apenas le llega a su cintura. No tiene hijos y se duele por ello. Cuando abraza hace crujir los huesos del que cae en las tenazas con que la naturaleza a dotado a Sihuana. Tras abrazar sonríe y tras sonreír, sobre el gorro de lana, el clásico chullo, se pone su sombrero haldudo y se va, desenmadejado, pendulante el paso, mientras la parvulada se arracima y le lanza chistes crudos. Se va un poco curvado, un poco melancólico, un tanto apagada la lumbre de sus ojos, que solo hallaron placer en la visión de las altas cumbres del ande y los rebaños encharcados en los lodazales inmensos, que, como costurones, como unos hoyos fluctuantes, vastos, surcan la pampa chumbivilcana, en la que ha erigido el “chucho”, Gaucho peruano, la leyenda de su indomable rebeldía, de su culto al ganado y de que como los centauros nacen ya cabalgando…

Cuzco setiembre 1925.

Urashima

Bibliografía: Artículo de la Revista Variedades, publicado en Lima, el 31 de octubre de 1925 - Año XX1, Núm. 922.

jueves, 1 de febrero de 2024

EL ARCO DE SICUANI

 

Durante la colonia, Canchis y Canas fueron consideradas zonas rebeldes, se registró en estas provincias una fuerte sublevación en 1730, otra en Sicuani en 1770, al siguiente año otra más en 1771, y finalmente la rebelión de Túpac Amaru en 1780. Por esa razón la administración colonial dispuso la construcción de un fuerte militar, cuyas murallas rodeaban la ciudad. El fuerte fue denominado “Fuerte Real Carlos III”. Firmado el Armisticio en Sicuani, entre el jefe español Del Valle y Diego Cristóbal Túpac Amaru, líder rebelde, en enero de 1782, se ordenó la construcción del Arco de Sicuani, hecho de piedra blanca labrada. El Arco Colonial de Sicuani, se desplomó el 6 de febrero de 1918, después de permanecer erguido por un lapso de 136 años. Hoy sus restos se encuentra totalmente abandonado al ingreso a la plaza mayor de Sicuani, por la calle Dos de Mayo. Estas ruinas del Arco es la única evidencia histórica de las luchas indigenistas por la independencia del Perú.

"La fortaleza de Chumo que hasta ahora existe construida por los españoles, demuestra de muy alta que es capaz de sostener no solo los intereses de la provincia, sino de todo el Cuzco, como punto militar de gran estrategia (29 de agosto de 1834)". (Kanchi, Guerra - 1982)

Dibujo del Arco de Sicuani por Alfonso Álvarez Huanca

lunes, 15 de enero de 2024

Acuarelitas



 

RAQCHI


 

 

DANIEL CISNEROS CÁCERES - ARTE Y FOTOGRAFÍA


Daniel Cisneros Cáceres, nace en Sicuani, Canchis, Cuzco, el 22 de abril de 1901; desde pequeño y en sus primeros estudios realizados en su tierra natal destaca por su alta sensibilidad hacia los efectos de la luz y la sombra, además que sabe admirar la calidad de las fotografías de la época en blanco y negro o sepias.

Al trasladarse su familia a la ciudad de Arequipa, y siguiendo su vena artística, muy joven fue admitido para trabajar en el estudio Fotográfico “Vargas”, renombrado taller ubicado en el corazón de la ciudad, donde se retratan los personajes más notables, además que registran los acontecimientos importantes de la época. La fotografía de aquella época requería de los aficionados delicado trabajo, además de conocimientos de dibujo artístico. De Arequipa viaja a la Paz Bolivia para perfeccionar su técnica trabajando para el afamado estudio de Kablin, cuyo propietario de origen alemán al parecer tenia contacto con el estudio fotográfico de Arequipa.

Después de algunos años retorna al Perú, donde en la ciudad capital por varios años logra trabajar como reportero gráfico, lo cual no logra colmar su original espíritu artístico, además de sentirse alejado de su verdadero ser y naturaleza. Es en esas circunstancias que decide regresar a la tierra que lo viera nacer y recorrer los pueblos para rencontrarse con su gente a través de su cámara y lente fotográfico.

En su estadía en la ciudad capital, refieren que Cisneros, habría tenido contacto y acercamiento con importantes intelectuales que incursionaban en la naciente corriente indigenista de Arguedas, adquiriendo conocimientos de la esencia de la cultura peruana.

Después de permanecer en Sicuani y la provincia de Canchis, recreando a su gente y paisajes en hermosas fotografías, decide instalarse definitivamente en Cusco, trabajando para la Universidad de San Antonio Abad y el Arzobispado de Cusco registrando y documentado fundamentalmente patrimonio y obras pertenecientes a la Escuela Cusqueña.

Daniel Cisneros, hasta su muerte, con auténtica pasión artística logro visitar casi todos los pueblos del Cuzco, caminando cámara en ristre en busca de las vivencias de un pueblo que se nutre de su alegría para producir su propio sustento. Su obra inédita nos enseña a amar nuestras raíces, nuestros pueblos y el país milenario donde vivimos.

 

Escribe: Guido Amílcar Ancori Cervantes.

viernes, 6 de octubre de 2023

JULIO ALBERTO PONCE ANTÚNEZ DE MAYOLO - BIOGRAFÍA

Julio Alberto Ponce Antúnez de Mayolo, es un héroe nacional, entregó su vida por defender la soberanía nacional de la invasión extranjera en la Cordillera del Cóndor en 1981.

Julio Alberto Ponce Antúnez de Mayolo, nació en Sicuani, en la provincia de Canchis, en el departamento del Cusco, el 2 de Julio de 1952. En esta tierra discurrió su infancia junto a sus padres, don Julio Ponce Tejada y la señora Carmen Antúnez de Mayolo Méndez, allí también asistió a su primera escuela. Tuvo tres hermanos Fernando, Ana María y Raúl. Fue sobrino bisnieto del sabio peruano Santiago Antúnez de Mayolo.

Luego de concluir la secundaría ingreso a la Escuela Militar de Chorrillos, graduándose como oficial y egresó con méritos de la Promoción “Teniente General Juan Bautista Zubiaga”. Se casó con la piurana Clorinda García Morey, donde fruto de su matrimonio nació Coysi Ponce García.

Posteriormente y en ejercicio de su carrera militar se especializó como piloto de aeronaves en la Escuela de Aviación del ejército peruano. El teniente Julio Alberto Ponce Antúnez de Mayolo, cayó víctima del ataque enemigo mientras cumplía una misión de patrullaje en la cordillera “El Cóndor” durante el conflicto con Ecuador en el año de 1981. La acción de este epónimo héroe permitió la captura del puesto del Falso Paquisha, sellando la victoria peruana sobre los invasores ecuatorianos, ennobleciendo a los peruanos por su acción que perdura como una lección de amor a la Patria, para todas las generaciones.

El fatídico 20 de febrero, el día que derribaron el helicóptero peruano, Ponce Antúnez de Mayolo, quien ya tenía permiso para retornar, quiso quedarse para acompañar como copiloto a sus compañeros de armas con el fin de regresar juntos al día siguiente, después de cumplir con la misión. El mismo día de su inmolación fue ascendido al grado superior de capitán.

La asociación de veteranos que participaron en los conflictos del 78, 81 y 95 toma el nombre de Julio Ponce Antúnez de Mayolo. También en honor a su sacrificio, varias provincias del país tienen centros educativos y parques que llevan su nombre. Sus restos descansan en el cementerio Jardines de la Paz de Lima.

Escribe: Guido Amílcar Ancori Cervantes.