sábado, 10 de julio de 2021

PRIMER MONUMENTO DE TÚPAC AMARU II EN EL PERÚ Y ÁMERICA


En la provincia de Canas, en su capital Yanaoca, entre los años de 1966 y 1967, se erigió un monumento de bronce en homenaje al libertador indígena José Gabriel Túpac Amaru, en aquella época se llegó a catalogar esta obra, como el primer y único monumento en el Perú y América de Túpac Amaru II.

Desde su sanguinaria y cruel ejecución en el Cusco el año de 1781, por parte de los españoles, en el transcurso de casi 200 años, nadie se atrevió a rendir homenaje de forma pública, a Túpac Amaru II,  aquel hombre que escribió con sangre el legítimo derecho de libertad de todos los peruanos; si bien es cierto que de manera tenue existían datos sobre el levantamiento de Túpac Amaru, en libros de historia, no había una imagen, una figura representativa que a la vez de rendir homenaje, nos hiciera recordar al ser humano, a la persona que se puso al frente para defender a sus hermanos de raza y abolir las leyes españolas tan perniciosas, de abuso, tiranía, usurpación y robo, que perpetuaban día a día los españoles en nuestra propia patria.



Teófilo Uscamayta Huamán, sacerdote, quien había servido en diferentes parroquias del Cusco, natural de Maras, Urubamba, entre los años de 1963 y 1964, llegó a Yanaoca a través de un nombramiento de “Vicario”, donde joven y fiel a su estilo se hizo cargo de muchas responsabilidades, ayudando a las familias, comunidades y hasta solidarizándose con los jóvenes estudiantes, asumiendo “ad-honoren” el dictado de las horas de Religión, en el naciente colegio José Gabriel Túpac Amaru, el año de 1965. En aquella época, desempeñándose como Párroco, es que inicia una cruzada para recaudar fondos y erigir un monumento en homenaje al líder andino Túpac Amaru II, en el distrito de Yanaoca, lugar desde donde se declaró abiertamente la guerra al gobierno español por la libertad de todo el Perú y América. Fueron muchas las ideas que se pusieron en marcha, a la vez que se procedió a sustentar el proyecto de identidad y revaloración sobre el significado y trascendencia de todos los acontecimientos del levantamiento de los Túpac Amaru. La marcha del “Sol”, kermesses, colectas públicas voluntarias, donaciones de familias notables, entre otras, fueron las estrategias para lograr fondos económicos, con la finalidad de poder financiar la construcción del monumento a  Túpac Amaru. Se requería para dicho fin contratar artistas y escultores entendidos en el tema, aparte que había que financiar el material requerido el cual consistía en cientos de kilos de bronce; porque el monumento debía ser imponente y perfectamente elaborado en todos los aspectos.



Las primeras gestiones tuvieron lugar en el Cusco, donde artistas utilizando arcilla y yeso diseñaron algunos bocetos de lo que sería la imagen del Cacique de Tungasuca, Pamapamarca y Surimana. Los estudios e investigaciones se profundizaron para aproximarse a la genealogía y rasgos físicos de José Gabriel, además que debía documentarse adecuadamente sobre los vestidos y atuendos que acostumbraba usar como Inca en la colonia. Los primeros bocetos en esculturas no fueron del agrado de Teófilo Uscamayta, decía las veces que visitaba los talleres: -Falta la majestuosidad del personaje-. Nunca se dió por vencido, a pesar que la gestión era agotante, sumándose a ello la falta de recursos económicos. Vuelve a impulsar su gestión junto a los vecinos de Yanaoca y amigos que habían jurado su apoyo, embarcándose rumbo a la ciudad capital Lima, en busca de mejores propuestas. En momentos de frustración, decía a sus cercanos colaboradores: -No me importa, si es necesario llegaré a Europa en busca del artista que forjará a Túpac Amaru-. Era tanta su convicción que deseaba reproducir una imagen clara que expresara la personalidad del indómito Inca libertador, como el mejor homenaje a José Gabriel Túpac Amaru, desde su propio pueblo.

En 1966, Uscamayta visitó en Lima, el taller del artista Roberto Tuni Garcilaso, natural de Puno, quien se había comprometido a elaborar una propuesta; esta se veía regia y gallarda, siendo inmediatamente aprobada por el Párroco Uscamayta, para luego ser llevarla a los talleres de fundición de la ciudad capital, de Bruno Capiola, empresa que gozaba de reconocido prestigio por sus monumentales y sobrias obras en Lima y otras ciudades del país. El sacerdote Uscamayta, toco muchas puertas para conseguir el apoyo y los recursos para el proceso de fundición, los cuales eran realmente onerosos, En su libro “Historia y odisea del primer monumento a Túpac Amaru II” (Uscamayta, 1981), refiere que el Ministerio de Guerra, dono miles de casquillos de balas (Bronce), y aun así todavía faltaba la materia prima y presupuesto; es así que gracias a su inquebrantable perseverancia logro apoyo efectivo de un legislador y otros paisanos radicados en la Capital.



Una vez terminada la obra y estando lista la escultura en bronce del glorioso mártir de la libertad, esta fue acondicionada, de pie, en una plataforma para ser trasladada hasta Yanaoca - en la provincia de Canas;  pero antes, debía hacer todo un periplo por las ciudades y pueblos donde tuvo como epicentro el levantamiento indígena peruano de Túpac Amaru II. Cuando la comitiva llego a los pueblos del valle del Vilcanota, para luego trasladarse por la vía de Combapata hacia los pueblos de Pampamarca, Tungasuna y Yanaoca, toda la gente saludaba desde pie de carretera, muchos con lágrimas en los ojos, quitándose las prendas de la cabeza y agitando sus manos, dando la bienvenida, a su padre y señor, José Gabriel Túpac Amaru.

Finalmente el año 1967, con gran respeto y algarabía, los pobladores de los pueblos de Yanaoca, Tungasuna, Pampamarca y otros, subieron la efigie de José Gabriel Túpac Amaru, a su pedestal principal, en la plaza de Yanaoca, levantado con piedras labradas, traídas desde la Quinta Toronayoc (Ch´eqerec) - Maras, lugar de nacimiento del Dr. Teófilo Uscamayta Huamán. De esta manera, esta obra de ejemplo de lucha, convicción, perseverancia e identidad, se constituyó en el primer homenaje público a Túpac Amaru II, en el Perú y América; obra, como alguien dijo, de un Uscamayta, quien pertenece a una familia de linaje real de los Incas. Muchos al contemplar la obra en aquellos años sugerían que el monumento por su gran significado debía ubicarse en la plaza de Cusco.

Notas:

El Centro Federado de Periodistas de Cusco, honra al Dr. Teófilo Uscamayta Huamán en el cargo de “Capellán”.

El 1° de diciembre de 1984, fallece en Cusco el Dr. Teófilo Uscamayta Huamán.

Bibliografía:

Historia y odisea del primer monumento a Túpac Amaru II - Teófilo Uscamayta Huamán, editorial universo S.A. Lima 1981.

Artículos periodísticos de la época.

© Escribe: Guido Amílcar Ancori Cervantes.

sábado, 3 de julio de 2021

EL TREN EN SICUANI Y LA PROVINCIA DE CANCHIS


Se sabe por historia que en el siglo XIX los británicos inventaron el tren; a finales de este siglo, construyeron una vía férrea que conectara Buenos Aires (Argentina) con el Puerto de Mollendo (en el sur del Perú), para evitar cruzar el largo y peligroso Paso de Magallanes al extremo sur de Sudamérica, paso natural de mayor importancia entre los océanos Pacífico y Atlántico. El tren cruzaba Bolivia y Puno y desde allí se tendió una extensión hasta Marangani y Sicuani, para extraer y explotar la preciada lana de alpaca.

El ferrocarril del sur fue uno de los más importantes del Perú. Es el más extenso de todos los ferrocarriles que han construido y que aún circula en el Perú. Lo tuvo a su cargo Meiggs (empresario estadounidense que tuvo éxito en la construcción de ferrocarriles en Chile y en el Perú, países en donde desarrollo notable influencia política y económica). Empieza en el puerto de Mollendo, sube hasta Arequipa, para después llegar a Juliaca donde se divide en dos ramales, uno hacia Puno y otro hacia la ciudad del Cusco. Con relación al Cusco el punto más alto de esta vía alcanza en La Raya (limites departamentales entre Puno y Cusco). Actualmente es operado por la empresa Perú Rail. Este ferrocarril se inició con la puesta en servicio del tramo Mollendo-Arequipa en primero de enero de 1871. Posteriormente se completó la línea Arequipa-Puno que se puso en servicio en enero de 1874. Obreros peruanos y bolivianos tuvieron a cargo de los trabajos. El costo de este tramo fue de 33 millones de soles. El costo del tramo Mollendo-Arequipa tuvo en aquel entonces una inversión de un millón ochocientos mil soles. Costo del tramo Juliaca-Cuzco, 25 millones en 1872 y se paralizó en 1875 por dificultades económicas. En 1890, después de quince años de inactividad debida a la guerra y otras causas, firmado el contrato Grace, se reiniciaron los trabajos por parte de la Peruvian (Peruvian Corporation, empresa inglesa constituida en Londres 1890 por Michael Grace), para terminarlo hasta el Cusco. En 1892 se llegó a Maranganí y en 1894 a Sicuani en la provincia de Canchis. Ingreso al Cusco ya en el siglo XX, 1908, después de 16 años de que la provincia de Canchis ya contara con este adelanto tecnológico. Fue cedido a la Peruvian a perpetuidad en 1928.

La estaciones oficiales del tren en la provincia de Canchis y Aledaños fueron: Pucará 56, Tirapata 67, Ayaviri 91, Chuquibambilla 109, Santa Rosa 131, La Raya 159, Marangani 186, Chectuyoc 190, Sicuani 197, San Pablo 210, Tinta 222, Checacupe 237, Cusipata 257, Urcos 285, Huambutio 305, Oropeza 312, Sailla 319, San Jerónimo 327 y Cuzco 337.

domingo, 30 de mayo de 2021

DEVASTACIÓN HUMANA EN LA COLONIA DEL PERÚ

John Murra, en su libro “El mundo andino”, cuando se refiere al impacto que causó la llegada de los españoles al Perú, califica como el “cataclismo de Cajamarca”, por muchas razones, y es que no deja de tener razón porque en el gobierno y colonia que instauraron la población peruana, tawantinsuyana sufrió la peor crisis de devastación humana que llego a niveles realmente de catástrofe. El historiador y antropólogo peruano Luis E. Valcárcel, señala que la población indígena antes de la llegada de los españoles fue de 13 a 15 millones de habitantes (1956). En cambio, hay otros como el escritor y cronista español Alonso Carrió de la Vandera, que concede 7 millones en un estudio que realizo en 1773, o la del padre Cappa que en 1888, apenas otorga 4 millones y medio; el médico e historiador Sebastián Lorente que después de originales argumentos se inclina por los 10 millones (1860). En estudios recientes de Smith, Wachtel y Cook, dan una población que fluctúa entre 8 y 10 millones (Contreras, 2020).

En 1548, es decir, 16 años después de la llegada de los españoles, el licenciado Pedro de la Gasca, levantó un censo que dio la cifra de 8’285,000 habitantes. En 1569, el Virrey Toledo realizó un censo con fines netamente tributarios. Los resultados dieron 1’067,696 indios varones entre 18 a 50 años. De acuerdo con esta cantidad se estima que la población total ascendía a 8 millones, más o menos.

En estos censos basan sus afirmaciones los cronistas e historiadores que propugnan la tesis de que el Perú tenía un mínimo de 10 millones el año 1532.

Ya en los siglos XVI Y XVII, en plena Colonia en el Perú, se hicieron denuncias a la misma Corona Española sobre la drástica despoblación indígena, “retroceso demográfico”, como denominan algunos estudiosos a este fenómeno. A fines del siglo XVIII, en 1795, el Virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos efectúa un censo que arroja 1’232,122 habitantes. La diferencia entre esta cifra y las halladas por De la Gasca y Toledo, es bastante marcada. Un déficit de 5 o 6 millones de gente, cantidad que resulta todavía reducida, pues, si se considera que las poblaciones casi siempre se duplican en el espacio de 100 años, partiendo de la base de los 8 millones de los censos de las Gasca y Toledo, el censo de Taboada y Lemos debió encontrar una cantidad superior a los 15 millones.

Los incas tenían un riguroso sistema de controlar el movimiento poblacional. Pedro Cieza de León[1], cronista que alcanzó a ver los últimos vestigios del Tawantinsuyo, dice lo siguiente:

“… cada provincia en fin del año mandaba asentar en los quipos, por la quenta de sus ñudos, todos los hombres que habían muerto en ella en aquel año y por el consiguiente los que habían nacido como los que faltaban por ser muertos, y en esto había gran verdad y certidumbre”.

Fatalmente, como los tawantinsuyanos no conocían la escritura, la interpretación del simbolismo de los Khipus ha quedado expuesta a los mayores riesgos, sin que fuera posible reunir datos para explicar el hecho que estamos tratando.

Veamos ahora cuales fueron los hechos que intervinieron para la devastación humana en el Perú de la Colonia.

TRATO DENIGRANTE E INHUMANO.

Por registros de la época y el trabajo de Investigadores se demostró que los españoles pusieron a los nativos peruanos en situación y condiciones infrahumanas. El Doctor Tello[2] encontró en el Museo Británico una importante prueba escrita, se trata de una información anónima que lleva por título: “Discurso sobre si conviene que se vendan las jurisdicciones de los indios del Marqués de Oropesa”, donde con crudeza y realismo se describe lo ocurrido aquellos años de desorientación. De ese documento extraemos los siguientes párrafos:

“nadie de los que an estado en estas prouincias del Piru ignoran las priesa con que se van acabando los yndios en ellas, esto se echa también de uer en los llanos que en 400 lenguas que ay, no ay oy 4 mil tributarios y el Reparto de Chincha que es de magesd, donde auia 100 mil y más no ay oy 200. En la sierra donde es menos este año en los lugares más bien parados faltan la mitad; y en otros tres las partes; y también ay mucha cantidad de ellos despoblado de todo punto”

Otro documento de gran valor histórico sobre el maltrato y la condición de los peruanos es la carta de Juan Vázquez de Ávila, dirigió al Rey Felipe II, relatándole el tratamiento que recibían los nativos, tal como se evidencia en una parte de la epístola:

“…se espera cada día el remedio de V. M., el cual le es bien menester, ansi para los españoles, como para la reformación de los indios, porque V. M. sepa que si los indios del Pirú son tratados como yo los vi tratar en lo que estuve en el Pirú, V. M. no tiene vasallos naturales de hoy en diez años”…

El Rey Felipe II, dictó las providencias para su pronto remedio, aunque en la práctica nunca se cumplieron, porque en el fondo a nadie le importaba la situación y condición humana de los llamados “indios” del Perú. Solo los veían como tributarios y fuerza de trabajo regalada. He aquí, por ejemplo, un capítulo interesante de una Real Cédula enviada a fines del siglo XVI, al Arzobispo de Lima Toribio Alfonso de Mogrovejo[3].

 “Nos somos informados que en estas provincias se van acabando los indios naturales de ellas por los malos tratamientos que los encomenderos les hacen o que habiéndose disminuido tanto los dichos indios que en algunas partes faltan más de la tercera parte, se llevan las tasas por entero, que es de tres partes las dos más de lo que son obligados a pagar, o los tratan peor que esclavos, y como tales se hallan muchos vendidos y comprado de unos encomenderos a otros, y algunos muertos a coces, y mujeres que mueren y revientan con las pesadas cargas, y a otras a sus hijos las hacen servir en la granjerías y duermen en los campos, y allí paren y crían mordidos de sabandijas ponzoñosas y muchos se ahorcan, y otros se dejan morir sin comer, y otros toman yerbas venenosas, y hay madres que matan a sus hijos en pariendo, lo que dicen que lo hacen para liberarlos de los trabajos que ellos padecen…”

LA MITA MINERA.

La mita en la colonia fue el sistema más cruel y degradante que implementaron los españoles en el Perú, que provocó la total perdida de la condición y dignidad humana, y por ende la vertiginosa desaparición de humanos varones en general en todo el territorio de la Colonia. El trabajo en las minas constituyó la prueba más terrible a que fue sometido el indígena peruano. El obrero se vio expuesto a los más grandes peligros, a trabajar diariamente, durante todo el día en ambiente confinado y miserable de galerías subterráneas. El sistema primitivo de acarreo de minerales les causo enormes e irreparables estragos.

El médico e historiador peruano Juan Bautista Lastres (1935), en su libro “las enfermedades nerviosas durante el Coloniaje”, al tratar sobre el origen de las parálisis, se ocupa del laboreo en las minas, manifestando.

“Cuando los indios portando a cuesta la pesada carga del preciado metal, atravesaban los vericuetos subterráneos, oscuros, malolientes y de atmósfera pesada, se diría que franqueaban el mismo infierno. Era tan dura la tarea, que muchos de ellos sucumbían al esfuerzo muscular, víctimas del desfallecimiento cardiaco”.

Estas palabras de un estudioso hombre de ciencia, hallan respaldo insospechable en el Virrey Francisco de Borja y Aragón, Príncipe de Esquilache, (1615-1621) cuando exclama:

“… digo que es inmenso el trabajo que los indios padecen; y así ha demostrado la experiencia que se van acabando muy a prisa los repartimientos que entran a esta mina”

Se puede imaginar el daño que ocasionaba en su organismo a los obreros nativos al convivir con residuos de arsénico, plomo y mercurio. Nuestro notable cronista indígena Guamán Poma de Ayala, en su libro “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, proporciona inagotable fuente de estudios de hechos que observó y graficó de forma directa, es allí donde encontramos una aterradora versión de la huida de los peruanos ante el fantasma de su reclutamiento para las minas.

“…..se ausentan de sus pueblos por no yr a las otras minas a padezer tormento y martirio, y por no padezer en aquel ymfierno aq’llas penas y tormento de los demonios y otros se huyen dellas minas por no morir, ante quieren yr a morir a biuir y dizen q’les acauen una uez porque en cogiendo el mal de azogado se seca como palo y tiene asma y no puede de día ni de noche uiuir y dura un año o dos desta manera y se muere….”

La descripción de Guamán Poma, es realista y nos confirma que el indígena peruano se había convertido en fugitivo dentro de su propia patria.

EL ACOHOLISMO.

El alcoholismo fue otro factor que atento contra la supervivencia del aborigen. Durante el incanato el licor empleado era la chicha. Los españoles la saborearon apenas ingresaron a los dominios del Inca. En las crónicas primitivas de la conquista hay sin número de referencias sobre esta bebida hecha con maíz germinado. La bebida estaba generalizada tanto para uso doméstico y ceremonial, además que existieron medidas restrictivas para castigar la embriaguez, hecho que está comprobado por multitud de documentos. En cambio, los españoles que introdujeron el aguardiente, de mayor contenido alcohólico que la chicha, la consintieron. El desbordamiento fue fatal. No era raro ver en las calles de cualquier pueblo o ciudad, a pobladores indígenas abandonados a su borrachera consuetudinaria, deprimidos, vencidos física y moralmente.

LA DESNUTRICIÓN CRÓNICA.

La alimentación del poblador peruano desde la implantación de la Colonia y Virreinato fue totalmente descuidada, los productos agrícolas por excelencia eran para la encomienda quedando para ellos solo migajas y sobras que no servía para alimentarse adecuadamente. Los españoles encomenderos y las autoridades exigían gran esfuerzo a los nativos en trabajos de construcción y acarreo de materiales, sobornándolos con alcohol y coca.  La coca fue un artículo medicinal y sagrado en el tawantinsuyo, pero por falta de buena alimentación se masificó su uso siendo indispensable al momento de trabajar obligado en largas y tediosas jornadas.

Salomón Ayala Pío, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en un artículo de 2019, Síntesis histórica de estudios biosociales de la coca y la alimentación en Perú, 1948-1994, señala que.

“El uso de la coca estaba restringido a la esfera medicinal, religiosa y de la nobleza durante el Incanato; luego se promovió su uso indiscriminado con la llegada de los españoles cuando hubo disminución de la agricultura y de la incipiente industria ganadera, lo que resultó en empobrecimiento nacional. El coqueo, fue más practicado en actividades mineras y agrícolas intensivas. Durante el periodo republicano el cocaísmo de la región andina continuó casi en las mismas condiciones que en el virreinato. La masticación de coca, estimada casi una necesidad frente a las penurias de la vida del aborigen al mitigar el hambre y la fatiga, por sus efectos desfavorables fue considerada -con mayor énfasis en la década del cuarenta- como uno de los más importantes problemas médicos sociales del Perú” (Ayala, 2009).

Como podemos ver a la llegada de los españoles, con el caos y la destrucción de la arquitectura incaica, demoliendo sus cimientos, permitió a la masa indígena abalanzarse sobre la codiciada planta, convirtiéndola, por la pobreza emergente y la carencia de alimentos, en un artículo de primera necesidad.

LAS EPIDEMIAS Y ENFERMEDADES.

 A las epidemias corresponde pues una gran responsabilidad en el “retardo demográfico” del país. La ausencia de higiene y la importancia de la ciencia médica de aquella época para detener o cortar enfermedades de tan desastrosa mortalidad como la viruela, ocasionaron perjuicios al capital humano. Nosotros tenemos, gracias a la seguridad y eficiencia de la vacuna antivariólica, un concepto muy diferente sobre la agresividad de esta afección. En época de la Colonia, la viruela se constituyó en el más serio azote contra la vida del indígena.

La viruela fue importada al nuevo Mundo por un esclavo negro que formaba parte de la expedición de Pánfilo Narváez, quien llego a la América Central. En el Perú, afirma el doctor Graña, hizo su aparición durante el reinado de Huayna Cápac, en 1524, causando gran mortalidad, a tal punto que el propio Inca pereció víctima de ella.

Junto a la viruela se debe citar al sarampión, el tifus exantemático, la rabia, la gripe, entre otras, causantes de gran mortalidad entre los aborígenes.

En la obra del doctor Lastres “Las enfermedades nerviosas durante el Coloniaje”, a la que nos hemos remitido anteriormente, por los valiosos datos que encierra sobre el pasado de nuestra historia, encontramos párrafos tan elocuentes como este:

“La evolución biológica del pueblo aborigen, sufrió el rudo trauma psíquico y físico de la conquista, que convirtió la dominación en vasallaje, paralizando sus capacidades creativas”.

BIBLIOGRAFÍA

Ayala Pio, Salomón (2009) Síntesis histórica de estudios biosociales de la coca y la alimentación en Perú, 1948-1994 Lima-Perú. (Ayala, 2009)

Comisión Central del Censo CCC - Carlos E. Lassus Arévalo (1939) Los pobladores Indígenas del Perú a través de la Historia - Lima Perú. (CCC, 1939:)

Francisco Graña Reyes (1878 y 1959) Médico e investigador peruano, uno de los hombres más importantes de la primera mitad del siglo XX.  “La población del Perú a través de la historia” (1916). (Graña, 1916)

John V. Murra (2009) El mundo andino - población medio ambiente y economía- Lima Perú. (Murra, 2009)

Contreras Carranza, Carlos (2020) La crisis demográfica del siglo XVI en los andes: una discusión acerca de sus dimensiones y consecuencias - Pontificia Universidad Católica del Perú - Departamento de Economía - Lima Perú. (Contreras, 2020)


[1]   (Llerena, c. 1520 – Sevilla, 1554) Cronista español de Indias, autor de la Crónica del Perú (1553). Pedro Cieza de León pertenece a aquel genero de hombres que fueron a América como soldados y a los que el Nuevo Mundo convirtió en historiadores o geógrafos.

[2] Julio Cesar Tello Rojas (1880-1947), Medico y Arqueólogo indígena de Latinoamérica, padre de la arqueología peruana.

[3]  Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo (1538-1606, fue eclesiástico español, santo de la iglesia católica, segundo arzobispo de lima, misionero y organizador de la iglesia católica en el Virreinato del Perú.

 

domingo, 23 de mayo de 2021

La marca Canchis

El año 2016 participe del concurso para el diseño de la marca Canchis, mis trabajos no fueron seleccionados, pero igual los conservo.



 

martes, 27 de abril de 2021

CARTA DE TÚPAC AMARU AL VISITADOR ARECHE


En un homenaje y recuerdo a Túpac Amaru, no pueden faltar las cartas y correspondencia que evidencian del pensamiento y propósito de la rebelión, estas deben ser adecuadamente interpretadas para otorgarle a los hechos y sus protagonistas el auténtico valor emancipador y patriótico.

Fragmento:

. . . Este maldito y viciado reparto nos ha puesto en este estado de morir tan deplorable con su inmenso exceso. Allá a los principios por carecer nuestra provincia de jéneros de Castilla y de la tierra, por la escasez de los beneficios conducentes, permitió S.M. a los correjidores una cierta cuantía con nombre de tarifas para cada capital y que se aprovecharan sus respectivos naturales, tomándolos voluntarios, lo preciso para su aliño en el precio del lugar; y porque había diferencia en sus valuaciones se asentó precio determinado para que no hubiese socapa en cuanto a las reales alcabalas. Esta valuación primera la han continuado hasta ahora, cuando de mucho tiempo a esta parte tenemos las cosas baratas. De suerte que los géneros de Castilla que han cojido por montón, y lo mas ordinario que están a dos o tres pesos, nos amontonan por violencia por diez o doce pesos; el cuchillo de marca menor que cuesta un real, nos dan por un peso: la libra de fierro mas ruin a peso: la bayeta de la tierra de cualquier color que sea no pasa de dos reales, y ellos nos la dan a peso. Fuera de este nos botan alfileres, agujas de Cambray, polvos azules, barajas, anteojos, estampitas y otras ridiculeces como estas. A los que somos algo acomodados, nos botan fondos, terciopelos, medias de seda, encajes, hebillas, ruan en lugar de olanes y cambrayes, como nosotros los indios usáramos estas modas españolas, y luego a unos precios exhorbitantes, que cuando llevamos a vender no volvemos a recoger la veintena parte de lo que hemos de pagar al fin: si nos dieran tiempo y treguas para su cumplimiento fuera soportable en alguna manera este trabajo; porque luego que nos acaban de repartir aseguran nuestras personas, mujeres, hijos y ganados, privándonos de la libertad para el manejo. De este modo desamparamos nuestras casas, familias, mujeres e hijos y obligadas de necesidad se hacen prostitutas; de donde nacen los divorcios amancebamientos públicos, destrucción de nuestras familias pueblos, por andar nosotros desertados y luego se atrasan nuestros reales tributos porque no hay de donde ni como podamos satisfacer…

José Gabriel Túpac Amaru - Tinta y marzo 5 de 1781.